21.7.11

FONDO SIN PAISAJE (I)

Ella: Me estaba preguntando…


Él: ¿?

Ella: … ¿Crees que hay alguna intención en la naturaleza?

(Larga pausa).

Él: ¿Has traído las entradas?

Ella: No me escuchas.

Él: Si te escucho pero podemos hablar de ello luego. (Mas bajo para que no se le oiga. Casi hablándole al oído a ella). Estamos en una cola esperando a entrar y no quiero que la gente piense…

Ella: ¿Que?

Él: Nada…

Ella: Que piense qué.

Él: Que somos una pareja de esas que lo intelectualiza todo.

Ella: Huh. Antes no me responderías algo así. Antes te hubieses excitado con mi pregunta.

Él: Excitarme. Veamos la película. Compremos palomitas como la gente normal.

Ella: Yo no quiero palomitas. Toma las entradas. Vete tu solo. (Ella se va de la fila).

Él: (aturdido. Le sigue después de unos segundos hasta sentarse en una butaca de un bar del hall donde esta ella. Ella saca un cigarrillo). Pero… O sea que esto se trata de nosotros. Y esperas a venir al cine, en la cola, para hacerme esta pregunta…

Ella: Olvídalo. Es más que todo eso. No quiero un discurso…

Él: Yo sólo hablo de actuar como los demás.

Ella: Me provocas extrañeza.

Él: La gente habla de futbol o de ropa o del tiempo. Eso es, del tiempo. Es un tema muy socorrido en la cola del cine.

Ella: Te avergüenzas de mí. La que siempre riza el rizo.

Él: No. No digas eso.

Ella: Tú quieres a otra. No a otra mujer, sino a otra idea de mujer. Mas… vulgar.

Él: Que haría yo con una mujer vulgar. Por favor. Entremos al cine, veamos la película, y al salir vayamos a cenar y hablemos del cosmos si es necesario.

Ella: Me estaba acordando de aquella cena. Con tus amigos. Que bochorno.

Él: Podemos entrar… podemos pasar a ver la…

Ella: Yo les empecé a hablar del efecto pigmalion, pero no pude entrar en detalles y, oh, es tan triste. ¿Recuerdas lo que dijo Laureen, la mujer de Arnold? Dijo: “A mi Arnold nunca me regala pintalabios”.

Él: Yo entraré sólo. ¿Quieres venirte conmigo? Por favor. Vente con tu caracolito.

Ella: Ella pensaba que pigmalion era un efecto que se conseguía con un determinado pintalabios. (Se cubre la cara con las manos). Una marca de pintalabios!

Él: Oh, vamooss!

Ella: Y entonces, tú, me diste un pisotón bajo la mesa y fingiste un ataque de tos. Todo para impedir que yo continuara. Como si creyeses que fuese a atacarla o burlarme de ella. No está en mi naturaleza. No me conoces. ¿Me conoces?

Él: No nos conocemos. (Finge un teatrillo). Mi nombre es Mur. La encuentro radiante. Le apetece venir al cine. (El la toma de la mano. Ella apaga su cigarro y se deja llevar por él. Ya en la cola, de nuevo para entrar, pasan unos segundos sin hablar).

Se oyen las conversaciones ajenas.

Otros: … (A) pues claro, me lo compré en una tienda genial! (B)Vamos a hacer un crucero y te puedes creer que aún no se ha comprado un bañador y yo ya tengo seis bikinis. (C)… Joder, yo no pago ochocientos euros por un chihuaha. Si todavía fuese un bull terrier…

Ella: (Se acerca al oído de él y le susurra) No puedes amar u odiar algo en otra persona a menos que refleje algo que amas u odias en ti mismo, caracolito.

(Telón)

3 comentarios:

  1. joder, yo no pago 800 euros por un chihuaha..si aún fuese un bull terrier!!
    estoy deseando saber cómo sigue!!
    me recuerda un poco aquella escena de la película de W. Allen en la cola del cine pero al revés, donde salía a colación marshall McLuhan y él estaba allí y hacía callar a un listillo...es un nuevo subgénero literario: discusiones en pareja en la cola del cine!

    ResponderEliminar
  2. Bravoooooooo!!!!!! Un brindis por la que siempre riza el rizo.

    ResponderEliminar
  3. Por cierto, efectivamente en la linea (fantástica) de Annie Hall o el "misterio de una vida ordinaria" de Don Delillo..

    ResponderEliminar