9.2.13

SE VENDE


A veces huelo la lluvia antes de que ocurra
Debe ser porque nací cerca de las tormentas
Corría delante del granizo,
delante de los tornados invidentes.
Una vez dejé un piano en mitad del campo
Y entré en casa a mirar por la ventana
Creía que la naturaleza sabría tocarlo.

Hoy he vuelto a mi casa deshabitada
El hijo que regresa vomitado por una ola gigante
Y sabe que no son iguales todas las orillas.

Cuando abrí la puerta
Se me cayó la casa encima.
Como si yo mismo lo hubiese amontonado todo
en los armarios de la memoria.
Y sin embargo,
Aquí están mis manos que quieren
Tocar las paredes arrugadas
Tocar las marcas en la escalera
Que quisieran tocar su pelo
Desempañar los cristales de la cocina
Y verla jugando con la gata.

Si he venido es porque me faltaba el aire
Después de oler su perfume parado en un semáforo
Pero dentro de mi coche.
He traído música y he abierto todas las ventanas
Desde la parte de arriba se ve el mar
Las aspas de los molinos eléctricos girar en la montaña
Ahora me doy cuenta de que una tarde pensé:
“Si el viento puede mover eso
Puede también tocar un piano”.

Me tumbé en su cama como en un homenaje
La humedad de techo parecía mi silueta reflejada.
Aún no sé muy bien por qué
Pasé tres horas
Limpiando unas baldosas
Como si fuesen cucharillas de plata.

Esa misma noche busqué un martillo
Y clavé en el jardín
un cartel de “se vende”.
Tenía la sensación de estar
Hundiéndome con él en la tierra
Indicando un punto en el camino.
Como esos carteles que señalan
“Usted está aquí”.

Al día siguiente me despertó la nostalgia
Con el ímpetu del niño que reclama
que le pongan los dibujos de fin de semana.

Me fui de allí mirando atrás por el retrovisor
Mirando el cartel que bailaba
Pensé
“Si el viento no puede mover eso,
No sé qué pensar del viento”.

8.2.13

CONVEXOS




En medio de un ruido atronador
Te encontré pintándote los labios
Y la lluvia cayendo sobre los paraguas
Cóncavos lamidos por el viento. 
Tú y tu sonrisa roja muriéndoos de ganas
De que llegase enero.
Pensando en lo comprensible que es todo
Si se tiene un horizonte.
Como en aquella película,
En la que una pareja después de caminar
Día tras día por la arena de un desierto
Asciende a un montículo
Y descubre un pequeño poblado.
Nunca he distinguido bien cóncavo
De convexo, me dijiste.
Miré por todos lados
Por ver de dónde venía el ruido
Hasta que me di cuenta
De que estaba dentro de mí.
Nada hay más convexo
Que la esperanza, te dije.
Y los dos la imaginamos
 frente a nosotros
Como un chasis abombándose
Por el peso
de nuestro deseo.

NAUFRAGIUUM






Encontramos una salida
En la alambrada
Y salimos a apagar
Los libros que ardían.

Habíamos oído que
Los verbos tardaban en quemarse
Lo primero en consumirse eran
Las frases hechas.

Un humo de tinta azul
encapotaba la ciudad
de las ventanas tapiadas
y los pestillos echados.

Cada libro que ardía
Era una explicación menos
Una pregunta menos
Para los portadores de antorchas.

Ellos decían que se trataba
De empezar desde cero
La única forma de seguir
cuando ya todo estaba dicho.

Querían volver a inventar las rimas
Sentir por primera vez
Una metáfora saliendo de su larva
Enmudecer con los significados
Que están aún por zanjar.

Sí.
Éramos nosotros
Quienes portábamos el miedo
Los que una vez nos aferramos al mástil
Del barco que se había hundido
en la orilla de sus mismas playas.