En medio de un ruido atronador
Te encontré pintándote los labios
Y la lluvia cayendo sobre los paraguas
Cóncavos lamidos por el viento.
Tú y tu sonrisa roja muriéndoos de ganas
De que llegase enero.
Pensando en lo comprensible que es todo
Si se tiene un horizonte.
Como en aquella película,
En la que una pareja después de caminar
Día tras día por la arena de un desierto
Asciende a un montículo
Y descubre un pequeño poblado.
Nunca he distinguido bien cóncavo
De convexo, me dijiste.
Miré por todos lados
Por ver de dónde venía el ruido
Hasta que me di cuenta
De que estaba dentro de mí.
Nada hay más convexo
Que la esperanza, te dije.
Y los dos la imaginamos
frente a nosotros
Como un chasis abombándose
Por el peso
de nuestro deseo.
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