Capitulo 1
El suelo parecía pegado al pie o el pie parecía pegado al
suelo. Chicles, cristales rotos y sin romper en forma de botellas. Cilindros
que en algún tiempo lejano habían
servido a algún misterioso propósito pero su uso no era discernible ya, al
menos para mí. Porque sí, estaba colocado. Alcohol, anfetamina y cocaína. Sé
que diréis antes de nada. Aburrido. Clásico. Pero por el amor de Dios, ¿aún con
esos horribles clichés? En mi generación, criada con la abundancia de la caída
del Franquismo y la entrada de la democracia,versión clase media, las drogas,
la droga, las pirulas, las lonchas, los canutos y el onmipresente alcohol no
eran más que diversión. Se mirase como se mirase, por el haz o el enves, arriba
o abajo, dentro o fuera, las drogas, queridos señores míos, eran
d-i-v-e-r-t-i-d-a-s. Toleradas, alentadas, parte indisoluble de la noche, el
contacto con el sexo opuesto, el concierto de música atronadora, la rave al
aire libre, el garito andrajoso o la más negra e impúdica discoteca tapizada
con cuero o vinilo negro ladeada como una balanza en dirección hacia el baño donde siempre había
un reguero de seres jóvenes y despreocupados. Ni siquiera ávidos de drogarse,
ni siquiera ávidos de vivir. Así de indiferente parecía ser todo. Tener
problemas con las drogas parecía una falta de carácter. Peor. Tomarse en serio
algo como el aire, el sexo, las sillas de la cocina, los lazos familiares, el
suave percutir de cada día con su oleada de calma o el florero donde mamá
asentaba sus rododendros. Cosas que simplemente existían. Estaban ahí. Como
cualquier otro objeto a usar. Como un ventilador o una lavadora. Cosas y
enseres que ya estaban antes de que viniésemos al mundo y no nos preguntábamos
si estarían cuando nos fuéramos porque habíamos visto demasiadas películas de
ciencia ficción y ya sabíamos que todo cambia. O no. A quien le importaba. A mí
desde luego no. Al menos por el momento. Mi máxima prioridad actual eran los
chicles del suelo. Las zonas limítrofes
donde no había chicles empezaban a resultar un vago problema también dado mi
estado y mis pies empezaban a no entenderse, a incomunicarse con el pavimiento,
en oleadas sentidas de oraciones farfulladas y no entendidas entre ambos, mis
pies y el suelo. El sendero de no chicles, como un destello de neón, o las
migas de Hansel y Gretel, o la alfombra roja en los Oscar que pisan las
celebridades en frac y vestido de noche deslumbrados por flashes
resplandecientes y los mirones miran tratando de engullir con los ojos lo que ellos consideran otro mundo
mejor y más hermoso, me condujo a una puerta. Dos porteros creaban un campo
magnético de rechazo y peligro anoréxico pero la hostilidad era engullida por
mi rostro como si fuese un pararrayos o un agujero negro. Mi cara, hacía tiempo
que me había dado cuenta de ello, poseía la extraña habilidad de absorber todo
tipo de energía negativa y devolver a cambio estupidez y pasmo atribulado en
vez de miedo o cólera. Pagué con algún billete arrugado que encontré en alguna
ladera ignota del mapa en relieve que era mi abrigo, puro embozo donde esconder
capas geodésicas de vergüenza y duda que formaban mi cuerpo. La oscuridad me
tragó a través de un pasillo o yo la tragué a ella pues cuando salí del corredor
una estancia a media luz, con grupúsculos de sombras borrosas que cuchicheaban
sentadas en pequeños sofás, me pareció un hábitat tolerable y hasta acogedor. Y
era la primera vez en toda aquella maldita noche que podía usar esa palabra.
Acogedor. Y entonces el mundo y todo lo que
C o n
t e n
í a
EXPLOTO.
Y LOS LAGARTOS ASCENDIERON DEL SUBSUELO Y PERECIERON EN
AGONÍA ROSA.
Y EL amor por fin floreció en medio de la nada y la
muerte y las ortigas tomando el sol sin protección solar
SI, ESTAS MUERTO. TODO ESTO ES EL SUEÑO DE UN DIOS MENOR
BORRACHO.
THE END.
pd: y sí, fingí los orgasmos. Todos. La tienes muy pequeña.









