2.3.14

NADA ES VERDAD, TODO ESTA PERMITIDO.


Todo está permitido, nada es verdad.

 

Hassan I Sabbah, el líder de la secta conocida como los asesinos, en su fortaleza de Alamut, mandaba a sus ejecutores siempre silenciosos, a terminar vidas con corte de cuchillo.

 

Silencio al decir adiós.

 

Kurt Cobain apestaba a joven. Atractivo, rubio, inseguro pero talentoso. El grunge era una golosina estética: nuevo pero con raíces en lo anterior. Cool, poseía esa misteriosa fuerza, ese intangible perfume que envuelve los movimientos sociológicos que arraigan entre los más nuevos. La mezcla de agresividad torturada y extrema sensibilidad de Kurt entroncaba perfectamente con unos años noventa donde las teorías de género, la corrección política en búsqueda de cualquier señal que pretendiese fijar cualquier cuerpo a una casilla determinada. El feminismo pop, la elevación a los altares de la sensibilidad del nuevo hombre a las puertas del S.XXI tenía el rostro del cantante rubio. Sus fotos con vestidos de mujer era una somera declaración política que proclamaba que los hombres ya no tenían que ser viriles o testosterónicos, sino que la pesada carga de llevar los pantalones ya no existía. Habíamos sido exonerados. Ya podíamos lloriquear en una esquina mientras las mujeres- oh, las mujeres- nos acunaban y mimaban, premiando nuestra angustia.
 
 
 

 

William Burroughs, podría parecer el espectro de otra cosa. Siempre otra cosa. El agujero que tapa lo visible. La enredadera que se filtra en el engranaje. Podemos definirlo con varias frases. Veamos.

 

Beat
 

El lenguaje es un virus

 

Suprimir el control

 

La familia, lo heterosexual: es una abyección.

 

Droga. Viaje mental. Control

 

Control

 

Interzona: el lugar que no está en ningún lugar. El cruce de caminos donde la liberación del control es posible
 
 

 

Escritor, marica, yonqui. Cut up. Los restos de los ismos que como polvo de ángel se posaron en la vieja America y mutaron en otra cosa. Frente a la payasada DaDa Europea, el rigor protestante de los WASP aplicado a su propia destrucción. Un anciano sobrio y completamente drogado usando su delirio para cortocircuitar control. Pedía ser interpretado literalmente. Literalmente. Todos sus monstruos eran reales. Bajo la piel de la vieja America se levanta un enjambre de mutantes y él reseñaba la agonía. El Control. Control

 

Que dura es la sabiduría.

 

En la interzona donde el escritor alucinado, surreal a base de ocultar la propia palabra. De mirarla con recelo y deconstruirla hasta que su veneno, su tiranía, fuese revelada y anulada. Un científico.

El cantante de rock. Rota su existencia a base de sopesar sus neurosis, su dolor. Perdiendo pie en la maquinaria del estrellato. Confuso y quizás perplejo. Aterido representando un papel imposible. Un actor que no sonreía como muestra de rechazo de la obra. Un existencialista atrapado en la descarrilada vida de la DROGA. Envuelto en el control. Liberándose sin armas. Con música punk que era fagocitada por el sistema. En un juego ascendente donde cada movimiento hostil aumenta la fortaleza del oponente. Sin salida.

 

Disgresiones. Porque esto es literatura. Versión ensayo. Un ensayo es un intento. Leadbelly, los viejos maestros del Blues, Tánger, London y el punk, New York y los meandros de la heroína. “Podía estar un día entero mirándome la punta de los zapatos”. Hombre insecto reducido a su mínima expresión. Tirador y amante de las armas y de los gatos. Ocupándose esa posición periférica en toda cultura. El área que simplemente quiere destruir todo lo demás. La interzona.

 

El lenguaje es un virus. Si el filósofo cuestionó, desnudó la moral como artefacto. Si el estructuralista desveló los grandes sistemas de poder bajo los que se encapsulaba el dogma. El escritor trató de advertir de la palabra. “Pues el infierno son vuestras intenciones”.

 

 “Dile que lo estoy leyendo y que creo en cada palabra que dice”

Bob Dylan sobre Burroughs en una carta enviada a Allen Ginsberg en 1965.

 

“Solo se sabía que todo se había perdido.

Perdido hacía mucho, en un país más frío.

Perdido una y otra vez por sucesivas generaciones

Desde entonces”

Nelson Algren, Un paseo por el lado salvaje.

 

Un paseo salvaje. Una cartografía como otra cualquiera. Un mapa manchado de café en la guantera de un viejo y oxidado coche. Un mapa, sí, y como tal una ruta hacia otro lugar. Un mosaico que va del punto A al punto B. Una guía de ruta compuesta de magia e ilusión. De símbolo e intención. Pues los magos creen que la voluntad, el deseo, la estrategia, tienen efectos en el mundo real.
 
 
 

 

En la anécdota del encuentro entre dos hombres. En su estela. El rubio ángel que se inmoló por todos nosotros sin que nadie se lo hubiese pedido y el cura negro que traía con sus viejos huesos toda la historia oculta, desgarrada, psicótica, mágica, de las catacumbas de la resistencia al significado. En ese precioso punto donde estas dos figuras intersectan- “ A través de las galaxias heridas intersectamos”- se despliega un movimiento que el autor refleja. Los puntos de sutura de una historia cualquiera. Pues todas son iguales. O quizás no. Ya no queda lugar para los magos. Solo el habitar en habitaciones sórdidas pulsando quásares de tiempo. Dejando que la droga, la aritmética de la droga, deshaga todos los significados/virus.

Si el lenguaje es un virus, el suicidio es la cura. O el diagnóstico. O el signo. O el síntoma. “Este muchacho ya está muerto”, sentenció con cariño el cura negro sobre el rubio punk sensible, dejando constancia de los invisibles- pero no para él, nunca para él- hilos de la realidad.

 

Todo esto consigna Servando Rocha en los meandros y cruces de caminos de su libro. Otra piedra en el camino de una psicogeografía del SXX. O del S.XXI. O quizás de todos los Siglos y de ninguno.

 

De ustedes depende surcar o no ese mapa. O quizás no. No dependa de ustedes.

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