Todo está permitido, nada es verdad.
Hassan I Sabbah, el líder de la secta conocida como los
asesinos, en su fortaleza de Alamut, mandaba a sus ejecutores siempre
silenciosos, a terminar vidas con corte de cuchillo.
Silencio al decir adiós.
Kurt Cobain apestaba a joven. Atractivo, rubio, inseguro
pero talentoso. El grunge era una golosina estética: nuevo pero con raíces en
lo anterior. Cool, poseía esa misteriosa fuerza, ese intangible perfume que
envuelve los movimientos sociológicos que arraigan entre los más nuevos. La
mezcla de agresividad torturada y extrema sensibilidad de Kurt entroncaba
perfectamente con unos años noventa donde las teorías de género, la corrección
política en búsqueda de cualquier señal que pretendiese fijar cualquier cuerpo
a una casilla determinada. El feminismo pop, la elevación a los altares de la
sensibilidad del nuevo hombre a las puertas del S.XXI tenía el rostro del
cantante rubio. Sus fotos con vestidos de mujer era una somera
declaración política que proclamaba que los hombres ya no tenían que ser
viriles o testosterónicos, sino que la pesada carga de llevar los pantalones ya
no existía. Habíamos sido exonerados. Ya podíamos lloriquear en una esquina
mientras las mujeres- oh, las mujeres- nos acunaban y mimaban, premiando nuestra
angustia.
William Burroughs, podría parecer el espectro de otra
cosa. Siempre otra cosa. El agujero que tapa lo visible. La enredadera que se
filtra en el engranaje. Podemos definirlo con varias frases. Veamos.
Beat
El lenguaje es un virus
Suprimir el control
La familia, lo heterosexual: es una abyección.
Droga. Viaje mental. Control
Control
Interzona: el lugar que no está en ningún lugar. El cruce
de caminos donde la liberación del control es posible
Escritor, marica, yonqui. Cut up. Los restos de los ismos
que como polvo de ángel se posaron en la vieja America y mutaron en otra cosa.
Frente a la payasada DaDa Europea, el rigor protestante de los WASP aplicado a
su propia destrucción. Un anciano sobrio y completamente drogado usando su
delirio para cortocircuitar control. Pedía ser interpretado literalmente.
Literalmente. Todos sus monstruos eran reales. Bajo la piel de la vieja America
se levanta un enjambre de mutantes y él reseñaba la agonía. El Control. Control
Que dura es la sabiduría.
En la interzona donde el escritor alucinado, surreal a
base de ocultar la propia palabra. De mirarla con recelo y deconstruirla hasta
que su veneno, su tiranía, fuese revelada y anulada. Un científico.
El cantante de rock. Rota su existencia a base de
sopesar sus neurosis, su dolor. Perdiendo pie en la maquinaria del estrellato.
Confuso y quizás perplejo. Aterido representando un papel imposible. Un actor
que no sonreía como muestra de rechazo de la obra. Un existencialista atrapado
en la descarrilada vida de la DROGA. Envuelto en el control. Liberándose sin
armas. Con música punk que era fagocitada por el sistema. En un juego
ascendente donde cada movimiento hostil aumenta la fortaleza del oponente. Sin
salida.
Disgresiones. Porque esto es literatura. Versión ensayo.
Un ensayo es un intento. Leadbelly, los viejos maestros del Blues, Tánger,
London y el punk, New York y los meandros de la heroína. “Podía estar un día
entero mirándome la punta de los zapatos”. Hombre insecto reducido a su mínima
expresión. Tirador y amante de las armas y de los gatos. Ocupándose esa
posición periférica en toda cultura. El área que simplemente quiere destruir
todo lo demás. La interzona.
El lenguaje es un virus. Si el filósofo cuestionó, desnudó
la moral como artefacto. Si el estructuralista desveló los grandes sistemas de
poder bajo los que se encapsulaba el dogma. El escritor trató de advertir de la
palabra. “Pues el infierno son vuestras intenciones”.
Bob Dylan sobre Burroughs en una carta enviada a Allen
Ginsberg en 1965.
“Solo se sabía que todo se había perdido.
Perdido hacía mucho, en un país más frío.
Perdido una y otra vez por sucesivas generaciones
Desde entonces”
Nelson Algren, Un paseo por el lado salvaje.
Un paseo salvaje. Una cartografía como otra cualquiera. Un
mapa manchado de café en la guantera de un viejo y oxidado coche. Un mapa, sí,
y como tal una ruta hacia otro lugar. Un mosaico que va del punto A al punto B.
Una guía de ruta compuesta de magia e ilusión. De símbolo e intención. Pues los
magos creen que la voluntad, el deseo, la estrategia, tienen efectos en el
mundo real.
En la anécdota del encuentro entre dos hombres. En su
estela. El rubio ángel que se inmoló por todos nosotros sin que nadie se lo
hubiese pedido y el cura negro que traía con sus viejos huesos toda la historia
oculta, desgarrada, psicótica, mágica, de las catacumbas de la resistencia al
significado. En ese precioso punto donde estas dos figuras intersectan- “ A
través de las galaxias heridas intersectamos”- se despliega un movimiento que el
autor refleja. Los puntos de sutura de una historia cualquiera. Pues todas son
iguales. O quizás no. Ya no queda lugar para los magos. Solo el habitar en
habitaciones sórdidas pulsando quásares de tiempo. Dejando que la droga, la
aritmética de la droga, deshaga todos los significados/virus.
Si el lenguaje es un virus, el suicidio es la cura. O el
diagnóstico. O el signo. O el síntoma. “Este muchacho ya está muerto”, sentenció
con cariño el cura negro sobre el rubio punk sensible, dejando constancia de
los invisibles- pero no para él, nunca para él- hilos de la realidad.
Todo esto consigna Servando Rocha en los meandros y
cruces de caminos de su libro. Otra piedra en el camino de una psicogeografía
del SXX. O del S.XXI. O quizás de todos los Siglos y de ninguno.
De ustedes depende surcar o no ese mapa. O quizás no. No dependa de ustedes.



No hay comentarios:
Publicar un comentario