10.3.14

Her, de Spike Jonze.



     


     Lo primero que me viene a la cabeza tras el visionado de Her es que es una película de dicotomías: lo real y lo virtual, lo normal y lo desviado, el pasado y el presente, lo que está dentro y lo que está fuera. Otro pensamiento: la virtuosismo con la que se maneja el caminar de la cinta por unos derroteros muy propios históricamente del cine de ciencia ficción, sin que en ningún momento charlas técnicas sobre inteligencia artificial o metáforas sociales roben protagonismo a la verdadera historia de la cinta, es más, de lo primero no hay atisbo, pues no interesa en ningún momento un disertar 'asimoviano' sobre los límites e implicaciones de las inteligencias artificiales, y las metáforas sociales me parecen perfectamente reconducidas hacia el camino de la reflexión sobre el presente (/futuro cercano) de las nuevas tecnologías-software por medio de la introducción de pequeñas secuencias en primer o segundo plano, donde vemos cómo los conciudadanos del protagonista se relacionan en su día a día entre ellos con las mismas, escenas tratadas con una sabia asepticidad como para que se pueda ver en su interpretación desde la hilaridad de ver gente 'hablando sola' en cualquier sitio y situación, hasta la obvia preocupación por el aislamiento sensorial-social y deshumanización de los entornos, siempre sin cargar las tintas, ya que en varios momentos se elige contrastar la relación de Theodore presentándola en entornos sociales rodeados de parejas, gente, relacionándose, digamos, de forma convencional.






Y qué fácil sería arrancarse por bulerías y defenestrar la historia explicando que el sistema opreativo (Samantha) tenía algún tipo de error de programación, que se excede en sus funciones o yo qué sé, se endiosa y se le da por empezar una guerra nuclear a escala mundial. Pero no, su endiosamiento es más propio de una sensibilidad panteísta new age (ojo a la reinterpretación post-física buenista de Alan Watts que hace la cinta, reconvertido a suerte de superinteligencia colectiva a modo de ente-nube virtual) y su guerra nuclear tiene lugar en el campo de las emociones del atribulado Theodore.


¿Qué se nos cuenta? La clave está en las escenas finales: tras la despedida de Samantha hacia "un lugar mejor" (presentado como una muerte-viaje a un estado superior de conciencia) no es a ella a quien dirige la carta de despedida Theodore, la dirige a Catherine, la ex pareja de la que no era capaz de desapegarse emocionalmente. En última instancia SO Samantha funciona como un software terapéutico que en un corto período de tiempo somete a Theodore a todos y cada uno de los estadios del enamoramiento desde el flirteo hasta la despedida y duelo, llevándolo de la mano y guiándolo sabiamente por el correcto procesamiento emocional de todo ello. Es curioso también que nadie de su entorno sancione la relación, todo es comprensión y apoyo e incluso admiración por parte de su jefe, que dice no ser capaz de algo así, como si en realidad el amor de los protagonistas fuese de una clase más elevada que el suyo, entendido como más terrenal. Al final toda la relación con el SO es procesada y destruída en el proceso de 'sanación', cual enzima, para ayudar a Theodore a asimilar la pérdida de Catherine, a quien va dirigida la última carta (de quien en realidad se está despidiendo durante toda la película). Samantha no funciona más que como metáfora, una renarración personal de una buena relación pasada (flashes de la relación con Catherine salpican la pantalla aquí y allá) que Theodore se cuenta a sí mismo, para que, esta vez sí, pueda salir todo bien.







 Volviendo al párrafo anterior, sí hay una persona que reprocha al protagonista su nueva relación: Catherine, su ex pareja, que de hecho le reprocha haberla querido "prozaquizar" al no saber manejarse con emociones reales. Asumiendo las palabras de la ex pareja, la lectura se vuelve mucho más cruda e inquietante. Justo después de este reproche, vemos cómo Theodore, manteniendo en mente esas palabras, se vuelve escéptico y se aleja temporalmente de SO Samantha, pero sólo un breve período de tiempo para caer todavía más profundamente y con fuerzas renovadas en su nueva relación. En una lectura más acorde a esta visión, Theodore sólo es capaz de asumir la partida de su ex pareja mediante la reelaborada idea de que no sólo no se separa de ella, como dice en la carta final, sino que siempre tendrá una parte de ella dentro de él. Lo que no es más que una forma muy bonita y eufemística de decir que pasa a ser un recuerdo, y a otra cosa, mariposa, pero adornado con unas gotas de amor cósmico new age, que siempre queda resultón.





 Resultón, como las cartas de Theodore a personas ajenas de las que no conoce más que detalles, cartas preciosas pero alejadas de la cotidianidad de la vida, digamos real, de la gente para la que escribe, alejadas de la cotididianidad del amor, esa de comprar el pan y barrer la casa, en la que Theodore podría no moverse muy bien, y de ahí la querencia por lo virtual de su relación con un software incorpóreo. De alguna forma, esa habilidad de Theodore con la lírica es también una pantalla que lo mantiene alejado del mundo, reinterpretándolo acorde a su propia sensibilidad estética. Catherine se lo reprocha, y él mismo se disculpa en esa carta final a modo de cierre emocional, de querer hacer de ella alguien que no es, lo que acusa la tendencia solipsista del protagonista, tendencia que podría venir subrayada por comentarios como el de su jefe diciéndole que 'hay una mujer en él' o el propio cartel de la película, que consiste en un conciso "her" centrado bajo el mentón de un primerísimo plano del protagonista.




 Ella es él. Ella no sería ni más ni menos que el deseo de él, proyectado el cuerpos físicos que no encajan con lo que busca (ni Catherine, ni tampoco le vale la amante prostética encontrada por SO Samantha), hay 'algo' que no le llena, algo que no alcanza, y que sólo se ve satisfecho al final en ese reencuentro panteísta con el amor universal en el que ella, más como concepto que como presencia material, retorna a él, para ser, tal como explicita en la carta, una parte inextricable de sí mismo, y alcanzar así una suerte de cierre satisfactorio a sus tribulaciones.


Illustration by Quickhoney




No hay comentarios:

Publicar un comentario