O un delirio crítico de Working Class Hero y Visitante Q.
Contiene spoilers. Sin gluten.
- Pues para mí que el protagonista tiene el Síndrome de Asperger.
- Que va. Yo creo que es un Psicópata.
. Stoker. Stoker, Bram Stoker. Escritor inglés conocido mundialmente por la novela Drácula.
Park Chan- Wook, el director Coreano desembarca en Holywood y el resultado es Stoker ( 2013). Film donde la muerte de un patriarca precede a la aparición de su misterioso tio, Charlie, que pasará a desempeñar el papel de catalizador de la eclosión a la madurez de la la hija del finado, la adolescente India. Los Stoker son la familia de rancio abolengo que da título a la película y, en la identificación de su apellido con el nombre del escritor que canonizó el mito vampírico tal y como lo conocemos, se inscribe la filiación de la película en el territorio del fantástico. Sin embargo la película del Coreano emigrado a los USA circula por la senda de ese fantástico visto y usado como tono, timbre y prosodia a la hora de articular una visión de temas de raíz bien realista: la locura más insondable, la violencia inexplicable, el mal como explosión que con todo arrasa en su imparable progresión, el peso de nuestro pasado en la configuración de nuestro presente gracias a la correa transmisora de los lazos generacionales.
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| La típica familia feliz. |
La adolescencia de una criatura rarita, sombría, muda y arisca, portadora del gen de la locura homicida gracias a una genealogía podrida, larvada durante generaciones y generaciones de hombres crueles y viciosos, metáfora de los padres fundadores de la nación. Al igual que los Kennedy- cuyo linaje familiar hunde sus raíces en la práctica en el contrabando, el pillaje y los vínculos mafiosos- los Stoker, se nos insinúa, disfrutan sus privilegios de clase en su hermético medio presurizado de vida real, fosilizado en un hábitat emocionalmente inerte. India vaga por lujosas habitaciones recolectando objetos como fetiches de sus progenitores- unos zapatos, cinturones- huérfana de afecto pero consciente de que su destino es la perpetuación de su apellido, la “vestimenta” de los emblemas de la familia que, no son otros que la fundación del fratricidio y la concatenación del asesinato como respuesta a la imposibilidad de amar. El relato bascula constantemente entre la mitología vampírica de Charlie y India al ser presentados como portadores de una sensibilidad enfermizamente sutil, preternatural, animal, inhumana. Escuchan lo que nadie escucha, huelen lo que nadie huele y recuperan así una de las características menos frecuentadas por el fantástique en cuanto al mito vampírico, la agudeza animal de los sentidos, la exacerbación que permite el sensualismo de estos. India y Charlie se mueven en una plano amoral de la existencia donde la humanidad mora en un peldaño más bajo, meras reses y víctimas sin entidad a eliminar si perturban lo más mínimo su voluntad. En sucesivos flashbacks vemos como el padre de India trata de encauzar, delimitar, normalizar la anormalidad dormida de India a través de la caza, consciente del monstruo dormido que anida dentro de su hija: “ A veces hay que hacer cosas malas para evitar hacer algo peor”. A la postre la labor normalizadora, pedagógica, tutelar del Stoker consciente de la oscuridad de su semilla, se revela paradójicamente como una introducción en el corazón de las tinieblas pues al hacer de India una máquina de matar para evitar precisamente que desate sus instintos asesinos latentes, no hace más que aportar la técnica precisa para que su hija logre su perfecta metamorfosis diabólica. El tio Charlie será el catalizador, la llama que arderá para prender la mecha que continúe la genealogía de los Stoker como seres que hacen reinar su absoluta voluntad por encima de todo, ajenos al bien y el mal, puros en su afán de someter la realidad y la razón al imperio de sus deseos. La voluntad de poder, escribió el filósofo sifilítico, es el arma suprema que todo lo domina y todo lo puede. A todo se sobrepone y, en Stoker, tal voluntad de poder amparada, protegida, mimada, acunada, se transporta de generación en generación a salvo de cualquier intento reformista, cualquier añagaza civilizadora. La sangre se revela como más espesa que el velo de tranquilidad y cordura que cubre la civilización y la agresión parece ser el patrón de oro que cotiza en la escala evolutiva. Stoker se adscribe al llamado Darwinismo Social al entender que ciertos miembros de la especie predominan y reinan- perviven- y vincula, vehiculiza esta primacía en el instinto de matar, en la capacidad de crueldad, en el despliegue irreflexivo de una violencia despojada de pathos personal: una simple medida que permite todo al individuo que la usa pues, como en la divisa del filósofo y ocultista Aleister Crowley tomada de Rabelais, “Haz aquello que deseas”, será toda ley.
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| Wentworth Miller, prota de Prison Break y guionista de Stoker, durante un bajón de tensión. |
"Haz lo que tú quieras será toda Ley" semeja un poema taoísta, aparentemente sencillo pero de una impenetrabilidad de lo más alarmante para el lector más literal. Esta alusión a la filosofía oriental me permite una pequeña digresión referente a la perversidad anteriormente citada que impregna el film. En una conferencia el filósofo Slavoj Žižek explica una experiencia personal: un buen día llegan a sus manos unos textos de un histórico asesino y torturador, y la belleza y elevada espiritualidad de los mismos le provocan un shock intelectual que necesitará resolver, ¿cómo la barbarie de la tortura y el asesinato pueden convivir encarnados en el mismo cuerpo que es capaz de tal elevación espiritual y belleza, patente e innegable en sus escritos? Resumidamente, en forma de respuesta a esta aparente contradicción (a través de sus reflexiones sobre el pensamiento budista, y algo cogidas con pinzas, todo hay que decirlo), el filósofo esloveno viene a concluir que la elevación espiritual o la trascendencia no está ligada necesariamente a la idea de bondad, como el apriorismo cultural indica, tratándose más bien dicha elevación del alcance de una especie de “estado mental amoral” (en el sentido de fuera de la moral, no en el de inmoral) en el que uno realiza sus tareas de elección de siempre, sólo que mejor y más eficientemente, sean éstas ayudar desinteresadamente a un necesitado, comprar el pan o desollar vivo al prójimo. ¿Qué tiene que ver ésto con la perversidad de Stoker? Pues no poco. En el film la protagonista comienza como la chica-rarita-de-instituto-norteamericano, el prototipo de mil películas: prota lista, introvertida y tímida, que esconde potencial para no sabemos muy bien qué, y que en un punto dado comienza a rebelarse y contraatacar a las burlas suponemos sufridas desde largo tiempo atrás. El caso es que estamos -no nos engañemos- ante una cinta de género, y una bastante especial. No es que la víctima adquiera superpoderes y en su doble vida comience a reprender a los abusones del mundo, ni se forja una carrera de abogada dura en New York y erradica caso a caso el mal del universo, no. Ni siquiera se fuga de casa para bailar en la barra de un bar de carretera hasta que el amor inesperado redima todo su dolor de niña traumatizada, tampoco. Aquí asistimos a la creación del monstruo, el verdugo, el que persigue sus fines personales no importa qué, aunque haya que cepillarse algún inocente por el camino; la que en otras películas sería antagonista aquí pasa a protagonista.
El protagonismo del monstruo tampoco es una novedad en el audiovisual (véase Dexter, por ejemplo, otro producto relevante), sin embargo, donde radica la especial perversidad en Stoker es en el alejamiento de cierto elemento muy presente en el relato gótico con que la crítica tanto compara el film. Generalmente la adhesión o filia por el “Mal” tiene su contrapartida en forma de algún tipo de pago o sufrimiento por parte del “firmante”, como en la arquetípica historia del guitarrista y el cruce de caminos: si quieres algo, has de perder algo incluso más valioso y padecer por ello. Y los malos, como siempre nos han contado por activa y por pasiva, por mucho que ganen y disfruten de su maldad, bajo la superficie son gentes muy muy tristes, sin 'alma' o que arrastran una infancia traumática y son en el fondo dignos de lástima, y los buenos tienen la razón moral y blablablá. Chorradas. No en Stoker. Aquí no hay contrapartida, no hay precio a pagar, todo lo contrario, el precio de la plena consciencia y la liberación de sus capacidades es la genuina libertad, India se empodera fagocitando y procesando sin contemplación a sus tres mentores dejándolos hechos trizas, convirtiéndose en India 2.0 no sólo no pagando por ello, sino ganándolo todo en el proceso. Y por si no queda claro con las muertes de su compañero de clase y su tío, muertes que cierto sector de espectadores podrían tolerar moralmente etiquetando a las víctimas de “violador” el primero o “loco homicida” el segundo, es en la escena final en la que no nos dejan lugar a dudas ni ambigüedades en la naturaleza de la transformación, asesinando cruelmente a un policía inocente -por la única razón de que no le apetece verse involucrada en la investigación que está llevando a cabo- que a su vez significa la total liberación de su vinculación con su pasado de India 1.0 y su viaje (literal y figurado) hacia la genuina libertad en otro lugar mejor, New York, New york.
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| La clásica fobia a los paraguas amarillos. |
Esa transformación como liberación del individuo más allá de toda consecuencia o consideración moral conecta la película con grandes obras inclasificables como Teorema de Pasolini o Visitor Q de Takashi Miike, máxime teniendo en cuenta la central importancia en todas ellas el papel de la familia, la familia como institución alienante y alienada, enferma, pero también en su vertiente de potencial sanadora y reestructuradora de psiques de sus formantes, más en Visitor Q que en la surrealista obra de Pasolini. En las anteriores mencionadas el agente de cambio es un hombre foráneo que viene de no sabemos dónde, casi como una abstracción pura, para integrarse en la familia y trastocar su mundo; de forma muy inteligente, en la película del director coreano el cambio viene de dentro, de la propia línea de sangre, es perfectamente plausible y explicable narrativamente, pero es a la vez foráneo por el internamiento del tío Charlie en la institución psiquiátrica durante años y el desconocimiento de su existencia por la protagonista,desde cuyo punto de vista vemos la historia, añadiendo un plus de extrañeza y misterio a la intriga.
Otra diferencia en el “visitante” es que a diferencia del indolente invitado italiano que parece saberlo y controlarlo todo, o el también omnisciente pero a diferencia cómico e irónico visitante japonés, en Stoker el tío Charlie se presenta en el último tercio de la película como un ser incompleto y falible, tanto que acaba perdiendo la compostura y los estribos de sí mismo cual malo de opereta, ante lo que India no tiene el menor remordimiento de sacrificarlo (por otra parte, en su escena final, tío Charlie plantea su relación como de mentor/dominador-alumna sobre India, algo a lo que ella no está en absoluto dispuesta).* De hecho la protagonista no bebe de una sola fuente, como se nos indica en el comienzo/final de la película con los símbolos de las diversas prendas que son señaladas: de su madre, adquirirá, como mínimo, el don de la vida, la encarnación, el vestido, ¿favor? que le será devuelto para poder vivir con la contemplación del monstruo que ha engendrado; de su padre la paciencia, la contemplación atenta, la contención y la espera de elegir saber cuando actuar y cómo, el cinturón, que funciona conteniendo pero también lacera sin piedad como arma; de su tío, sus zapatos, su propio camino, la revelación de su verdadera naturaleza salvaje e implacable. Será en la suma de las tres imperfectas esencias donde la renacida India encontrará el traje perfecto, el que le sienta mejor que ningún otro, la transformación en lo que siempre tuvo que ser.
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| ''Eran unos vecinos modélicos, nadie se lo esperaba'' |
*Ángel Sala en su crítica (Dirigido por 433, mayo 2013) también hace referencia de forma muy interesante y acertada a la joya ochentera The Hitcher (Carretera al infierno, 1986) y el antagonista omnipotente y pasado de vueltas que interpreta Rutger Hauer como parte de una serie de perturbadores personajes en cuya tradición encontramos otros puntales como el Robert Mitchum de La noche del cazador o De Niro en El cabo del miedo.







