15.12.14

Es Usted un Diletante?



Pues yo pienso de que sí. ¿No? 






Bien harían algunos plastas críticos (pre)modernos en adquirir unas gafas con mayor resolución semiótica y amplitud de campo a la hora de disertar sobre ciertos excesos actuales. Si bien podemos admitir- noblesse oblige- que los actuales creadores en los diversos campos artísticos resultan un tanto inquietantes y/o extravagantes, no debemos olvidar que la figura de lo que llamaremos el diletante tiene larga historia y frondoso pasado. Si las estrellas de rock, cine, artistas conceptuales de vanguardia, filósofos Lacanianos de ignotos países del Este impronunciables, recurren en la presentación de su obra a una estilización esquizoide en forma de looks imposibles, gafas extrañas, jerséis autísticos y otras prendas más o menos gratuitas. Si cualquier autor hoy en día se ve más o menos obligado a somatizar su propia obra en su figura, realizando todo tipo de comportamientos raros, extraños, inquietantes e inhabituales, no deja de ser un tanto corto de miras achacar tales técnicas ni, por un lado, a la erotización fetichista del espectáculo Debordiana, ni, por otro, a una percepción genial de estos señores y señoras. Es decir, ni se trata de una invención conspiranoica de un poder empeñado en proveer de pan y circo multimedia a un supuesto público aborregado con supuestas extravagancias que lo distraigan del insufrible día a día, ni tenemos que entender necesariamente que tratamos de seres excéntricos que simplemente siguen sus más desaforadas pulsiones en un medio que no solo respeta sino que alienta esta extravaganza. Eso sería caer en un reduccionismo y no hay cosa que más nos moleste y chinche que andar por ahí reduciendo cosas, siendo como somos más bien del exageramiento histérico y el agrandamiento pueril. No. Tratando de entender a un Marilyn Manson o una Lady Gaga debemos rastrear la historia, río de momentos que siempre premian a los que vadean su cauce con abundante pesca en forma de comparaciones (odiosas), antecedentes (dudosos) e interconexiones (espurias). 

¿Acaso debemos pensar que la figura del diletante, del creador más o menos genial, brillante, ahíto de purpurina, presto a adoptar epatantes poses, gracias a una combinación de talento natural para el escándalo y un sutil gusto para localizar las llagas abiertas de la sociedad que parasita y dar justo en el punto G del tabú, es un invento del postmodernismo resabiado y cínico?
Si esto fuera así, deberíamos borrar ciertas figuras de la historia que, a nuestro humilde modo de ver, constituyen no solo el precedente necesario, la causación última, sino también la encarnación perfecta del prototipo…..y ya se sabe que el prototipo nos la pone golosa a unos demagogos como nosotros.
Señalamos y establecemos- mirar el dedo que señala es un hobbie muy sano- que un diletante es algo más que un creador. No importa a qué campo del pensamiento y/o la creación se dedique. Es más, en realidad, cualquier campo es bueno, válido. Un fontanero o un veteriano podría ser un diletante, aunque este tipo de sujetos no suelen dedicarse a estos menesteres. Quizás haya algún tipo de relación inversa- y no hablamos, no nosotros, nunca nosotros, que va a ser esto, de causalidades, lo nuestro es lo correlacional, el no mojarse, el lavar y guardar la ropa, la mediocridad estéril de la estadística. Un diletante, venimos diciendo, es un sujeto que es su propia obra. A través de una extensión conceptual, no figurativa, simbólica, “´más allá que acá”, articula todo un mensaje en su propio personaje. Pero todo se ve más claro con un buen ejemplo pedagógico o, ¿por qué no?, unos cuantos. Hagamos, hagamos, una pequeña taxonomía, un pálido muestrario a vista de pájaro, tacaño y escualo reflejo de la exuberancia que la propia realidad exhibe. Pero, ya es sabido, el mapa no es el territorio y nosotros tan solo pretendemos pergeñar un modesto mapa con la intención loable de que ustedes se echen al camino de lo REAL incierto y descubran por ustedes mismos. Que ya sabemos que lo suyo, de ustedes, es un empirismo total, un no creerse nada que no haya sido filtrado por sus sentidos y macerado en la tinaja de sus percepciones y sus cosas.


Pues juraría que lo había leído en algún sitio. Espera que te lo busco




EL PENSADOR CABREADO

Frederich Nietzsche representa a la perfección esta categoría que tantos éxitos y momentazos ha traído al mundo mundial. No hay más que ver- nada de leer que eso hace perder el tiempo y calienta la cabecita cosa mala- su foto más famosa y total. De perfil, como un general romano, mirando ceñudamente con unas cejas espesas como césped de campo de fútbol algún punto indeterminado del horizonte- ¿estaría viendo el eterno devenir?. El bigote, también espeso, poblado, notable, denota una fuerza de carácter- diremos voluntad? Nos atreveremos? Igual hoy no nos dan de cenar- que dice a las bien claritas: aquí estoy. Qué pasa? A medio camino entre un cantante de hard core malencarado y un prusiano chusquero, este hombre nos dice cosas con su mirada. Muchas cosas. A buen entendedor….
De esta figura seminal del filósofo de mala uva tenemos diversos continuadores y descendientes tales como Paco umbral. Pero lo cierto es que sin que sirva de precedente el filósofo alemán influenció más con su propia filosofía del martillazo que con su monumental- nos atrevemos a decir Wagneriana?- puesta en escena. Es que es lo que tiene el bigote a lo morsa: que cuando queda bien, queda muy total, pero claro….no a mucha gente. En estos tiempos tan soft  se entiende que aquel look bávaro, a medio camino entre la hostilidad macarra y la intensidad homérica, no haya tenido claros continuadores. Sea como fuere, un clásico instantáneo del dilentantismo en su versión más dark.




Y ahora os hago el avión, chuchuchuchuchuchu



EL DANDI SUBLIME

Oscar Wilde. Ay, Oscar. Aquí observamos ( encantados, debemos reconocer) la confluencia buena buena de dos escuelas que a día de hoy están dando lo mejor de sí pero, de bien nacidos es ser agradecidos, tuvo su figura seminal en el genial mariquita inglés. Por un lado la sensibilidad homoerótica, con todo lo que conlleva, y por otro la tontería dandi. Que dirán ustedes que es lo mismo, que tanto monta monta tanto y que tal y Pascual. Pero no. No nos confundamos. Que las ramas nos dejen ver el bosque. Por un lado dentro del dilentantismo del maestro tenemos dos escuelas bien diferenciadas que felizmente se unen:
1)    El ya clásico-y a punto de perecer por excesiva aclimatación a los tiempos que corren, epatar por condición sexual. Pero claro, hoy en día parece tan fácil como asistir al día del orgullo gay rebozado en purpurina haciendo bailes exóticos rodeado de dos culturistas transexuales para que su familia lo vea en el telediario a la hora de comer y se sienta orgullosa, pero en aquellos tiempos la cosa estaba más complicada. HablAmos ya de cierto compromiso, cierta capacidad de sacrificio. Si bien aportaba una condición única como ente “perverso” y como a la última, un esputo cerdo a los bienpensantes y bla bla, uno podía terminar sus días en la trena jugando al corre que te pillo o, incluso, ahorcado en la plaza del pueblo para escarnio y aviso. Poca broma
2)    Y, en fin, la tontería. Aquí tenemos un ilustre origen, punto cero fundacional, de la asociación ya indeleble entre el artista creador y lo sublime. ¿ y eso qué es, se preguntan ustedes que de puro sublimes que son ya ni saben qué es, como si a un pez le preguntaran qué es el agua, que estas cosas pasan? Se trata de una actitud, jamás aptitud, no anden a joder, un estado mental difuso donde el diletante se siente “así como especial”, diferente, único en su unicidad, irrepetible y chachi que sí. Un amor asexual, narciso, ombliguista si quieren pero válido, de uno mismo. Una obligación casi con el propio genio. Una sensibilidad desusada. Un gustito en el estómago cuando se contemplan en el espejo, espejito. La tontería no solo es inocua, sino que sabemos de buena tinta que ha salvado más de una vida, de una psique, de las garras de la mediocridad o, incluso, del suicidio. Porque ya saben: la percepción, en Diletant World, lo es todo.Continuadores de este línea, DE mucho mayor éxito y predicación que el pensador cabreado, quizás por su mayor amabilidad conceptual y hedonismo inocente, tenemos sujetos tales como David Bowie, cualquiera que cante Glam  o Prince. Y ese culito que no passe hambre, xoxo…
Para la semana continuaremos nuestro fascinante incursión por el diletantismo con guías espirituales tales como el Marqués de Sade o Thimoty Leary.

Y recuerden, recuerden: no importa qué hagan, bien  o mal, escribir, pintar, hacer el moñas con un sintetizador, o bailar danza tribal…eso son minucias vacuas. Lo importante es su presentación, su toque personal, encarnar la cosa en sí….y si dentro de sus habilidades no figura ningún don, talento, no se preocupen, eso nunca,siempre les quedará dar la nota, confundir, marear la perdiz, opinar, hacerse notar a base de codazos, husmear el espíritu de los tiempos. Y a  triunfar!




Esto vas a tener que reformularmelo

12.7.14

H





El agujero en el suelo estaba en la esquina. Jonás, su dueño, había abierto la librería, como todas las mañanas, cuando descubrió aquel boquete en el suelo. Se asomó con el asombro pintado en la cara y miró aquella profundidad insondable.  Nada. Tan solo oscuridad y vacío. Lo primero que pensó fue que le habían robado pero, después de comprobar el establecimiento, tan solo notó que faltaba una única cosa: un ejemplar de “El caminante y su sombra”, del  filósofo Alemán Friedrich Nietzsche. Aquello era pasmoso ¿Alguien había excavado un enorme agujero desde algún lado y había terminado destrozando su suelo para robar un ejemplar de tapa blanda de “El caminante y su sombra”? Aquello no tenía el menor sentido. Hombre calmado y de costumbres relajadas, rutinarias, se sentía agradablemente estimulado por aquel incidente bizarro. Volvió a examinar el agujero.  Se sentó en su silla, que había arrimado convenientemente al agujero, y se fumó pensativamente un cigarrillo. De repente un señor vestido de negro asomó por al agujero, lo miró y tiró el libro a sus pies. “He tachado todas las haches”  dijo. Jonás asintió, comprensivo. “No valen para nada”. El Terrorista del Frente de Ortografía Inútil (FOI) se volvió a
deslizar por el negro agujero- aliviado- mientras el simpatizante en secreto de su grupo, recogía el ejemplar y lo depositaba de nuevo en su sitio. Convenientemente expurgado de haches. “Pena que yo no pueda hacer estas cosas”, pensó, satisfecho.

25.4.14

Dejen paso, soy Budista




Dijo el maestro Zen

Eres idiota

Porque

Tu espejo

No son los demás

Ni eres tú mismo

 

Tu espejo es

 

La superficie de cristal

Que te refleja cada mañana

En tu cuarto de baño

21.3.14

Yo No Vivo en los Projects, guSano AnTROPOMETRICO ( PaRte 43)










 Capitulo 1

 

El suelo parecía pegado al pie o el pie parecía pegado al suelo. Chicles, cristales rotos y sin romper en forma de botellas. Cilindros que en algún tiempo  lejano habían servido a algún misterioso propósito pero su uso no era discernible ya, al menos para mí. Porque sí, estaba colocado. Alcohol, anfetamina y cocaína. Sé que diréis antes de nada. Aburrido. Clásico. Pero por el amor de Dios, ¿aún con esos horribles clichés? En mi generación, criada con la abundancia de la caída del Franquismo y la entrada de la democracia,versión clase media, las drogas, la droga, las pirulas, las lonchas, los canutos y el onmipresente alcohol no eran más que diversión. Se mirase como se mirase, por el haz o el enves, arriba o abajo, dentro o fuera, las drogas, queridos señores míos, eran d-i-v-e-r-t-i-d-a-s. Toleradas, alentadas, parte indisoluble de la noche, el contacto con el sexo opuesto, el concierto de música atronadora, la rave al aire libre, el garito andrajoso o la más negra e impúdica discoteca tapizada con cuero o vinilo negro ladeada como una balanza  en dirección hacia el baño donde siempre había un reguero de seres jóvenes y despreocupados. Ni siquiera ávidos de drogarse, ni siquiera ávidos de vivir. Así de indiferente parecía ser todo. Tener problemas con las drogas parecía una falta de carácter. Peor. Tomarse en serio algo como el aire, el sexo, las sillas de la cocina, los lazos familiares, el suave percutir de cada día con su oleada de calma o el florero donde mamá asentaba sus rododendros. Cosas que simplemente existían. Estaban ahí. Como cualquier otro objeto a usar. Como un ventilador o una lavadora. Cosas y enseres que ya estaban antes de que viniésemos al mundo y no nos preguntábamos si estarían cuando nos fuéramos porque habíamos visto demasiadas películas de ciencia ficción y ya sabíamos que todo cambia. O no. A quien le importaba. A mí desde luego no. Al menos por el momento. Mi máxima prioridad actual eran los chicles  del suelo. Las zonas limítrofes donde no había chicles empezaban a resultar un vago problema también dado mi estado y mis pies empezaban a no entenderse, a incomunicarse con el pavimiento, en oleadas sentidas de oraciones farfulladas y no entendidas entre ambos, mis pies y el suelo. El sendero de no chicles, como un destello de neón, o las migas de Hansel y Gretel, o la alfombra roja en los Oscar que pisan las celebridades en frac y vestido de noche deslumbrados por flashes resplandecientes y los mirones miran tratando de engullir con  los ojos lo que ellos consideran otro mundo mejor y más hermoso, me condujo a una puerta. Dos porteros creaban un campo magnético de rechazo y peligro anoréxico pero la hostilidad era engullida por mi rostro como si fuese un pararrayos o un agujero negro. Mi cara, hacía tiempo que me había dado cuenta de ello, poseía la extraña habilidad de absorber todo tipo de energía negativa y devolver a cambio estupidez y pasmo atribulado en vez de miedo o cólera. Pagué con algún billete arrugado que encontré en alguna ladera ignota del mapa en relieve que era mi abrigo, puro embozo donde esconder capas geodésicas de vergüenza y duda que formaban mi cuerpo. La oscuridad me tragó a través de un pasillo o yo la tragué a ella pues cuando salí del corredor una estancia a media luz, con grupúsculos de sombras borrosas que cuchicheaban sentadas en pequeños sofás, me pareció un hábitat tolerable y hasta acogedor. Y era la primera vez en toda aquella maldita noche que podía usar esa palabra. Acogedor. Y entonces el mundo y todo lo que

C      o     n    t     e    n    í       a

EXPLOTO.

 

Y LOS LAGARTOS ASCENDIERON DEL SUBSUELO Y PERECIERON EN AGONÍA ROSA.

 

 

Y EL amor por fin floreció en medio de la nada y la muerte y las ortigas tomando el sol sin protección solar

 

 

 

SI, ESTAS MUERTO. TODO ESTO ES EL SUEÑO DE UN DIOS MENOR BORRACHO.

 

 

 

THE END.
 
 
pd: y sí, fingí los orgasmos. Todos. La tienes muy pequeña.

10.3.14

Her, de Spike Jonze.



     


     Lo primero que me viene a la cabeza tras el visionado de Her es que es una película de dicotomías: lo real y lo virtual, lo normal y lo desviado, el pasado y el presente, lo que está dentro y lo que está fuera. Otro pensamiento: la virtuosismo con la que se maneja el caminar de la cinta por unos derroteros muy propios históricamente del cine de ciencia ficción, sin que en ningún momento charlas técnicas sobre inteligencia artificial o metáforas sociales roben protagonismo a la verdadera historia de la cinta, es más, de lo primero no hay atisbo, pues no interesa en ningún momento un disertar 'asimoviano' sobre los límites e implicaciones de las inteligencias artificiales, y las metáforas sociales me parecen perfectamente reconducidas hacia el camino de la reflexión sobre el presente (/futuro cercano) de las nuevas tecnologías-software por medio de la introducción de pequeñas secuencias en primer o segundo plano, donde vemos cómo los conciudadanos del protagonista se relacionan en su día a día entre ellos con las mismas, escenas tratadas con una sabia asepticidad como para que se pueda ver en su interpretación desde la hilaridad de ver gente 'hablando sola' en cualquier sitio y situación, hasta la obvia preocupación por el aislamiento sensorial-social y deshumanización de los entornos, siempre sin cargar las tintas, ya que en varios momentos se elige contrastar la relación de Theodore presentándola en entornos sociales rodeados de parejas, gente, relacionándose, digamos, de forma convencional.






Y qué fácil sería arrancarse por bulerías y defenestrar la historia explicando que el sistema opreativo (Samantha) tenía algún tipo de error de programación, que se excede en sus funciones o yo qué sé, se endiosa y se le da por empezar una guerra nuclear a escala mundial. Pero no, su endiosamiento es más propio de una sensibilidad panteísta new age (ojo a la reinterpretación post-física buenista de Alan Watts que hace la cinta, reconvertido a suerte de superinteligencia colectiva a modo de ente-nube virtual) y su guerra nuclear tiene lugar en el campo de las emociones del atribulado Theodore.


¿Qué se nos cuenta? La clave está en las escenas finales: tras la despedida de Samantha hacia "un lugar mejor" (presentado como una muerte-viaje a un estado superior de conciencia) no es a ella a quien dirige la carta de despedida Theodore, la dirige a Catherine, la ex pareja de la que no era capaz de desapegarse emocionalmente. En última instancia SO Samantha funciona como un software terapéutico que en un corto período de tiempo somete a Theodore a todos y cada uno de los estadios del enamoramiento desde el flirteo hasta la despedida y duelo, llevándolo de la mano y guiándolo sabiamente por el correcto procesamiento emocional de todo ello. Es curioso también que nadie de su entorno sancione la relación, todo es comprensión y apoyo e incluso admiración por parte de su jefe, que dice no ser capaz de algo así, como si en realidad el amor de los protagonistas fuese de una clase más elevada que el suyo, entendido como más terrenal. Al final toda la relación con el SO es procesada y destruída en el proceso de 'sanación', cual enzima, para ayudar a Theodore a asimilar la pérdida de Catherine, a quien va dirigida la última carta (de quien en realidad se está despidiendo durante toda la película). Samantha no funciona más que como metáfora, una renarración personal de una buena relación pasada (flashes de la relación con Catherine salpican la pantalla aquí y allá) que Theodore se cuenta a sí mismo, para que, esta vez sí, pueda salir todo bien.







 Volviendo al párrafo anterior, sí hay una persona que reprocha al protagonista su nueva relación: Catherine, su ex pareja, que de hecho le reprocha haberla querido "prozaquizar" al no saber manejarse con emociones reales. Asumiendo las palabras de la ex pareja, la lectura se vuelve mucho más cruda e inquietante. Justo después de este reproche, vemos cómo Theodore, manteniendo en mente esas palabras, se vuelve escéptico y se aleja temporalmente de SO Samantha, pero sólo un breve período de tiempo para caer todavía más profundamente y con fuerzas renovadas en su nueva relación. En una lectura más acorde a esta visión, Theodore sólo es capaz de asumir la partida de su ex pareja mediante la reelaborada idea de que no sólo no se separa de ella, como dice en la carta final, sino que siempre tendrá una parte de ella dentro de él. Lo que no es más que una forma muy bonita y eufemística de decir que pasa a ser un recuerdo, y a otra cosa, mariposa, pero adornado con unas gotas de amor cósmico new age, que siempre queda resultón.





 Resultón, como las cartas de Theodore a personas ajenas de las que no conoce más que detalles, cartas preciosas pero alejadas de la cotidianidad de la vida, digamos real, de la gente para la que escribe, alejadas de la cotididianidad del amor, esa de comprar el pan y barrer la casa, en la que Theodore podría no moverse muy bien, y de ahí la querencia por lo virtual de su relación con un software incorpóreo. De alguna forma, esa habilidad de Theodore con la lírica es también una pantalla que lo mantiene alejado del mundo, reinterpretándolo acorde a su propia sensibilidad estética. Catherine se lo reprocha, y él mismo se disculpa en esa carta final a modo de cierre emocional, de querer hacer de ella alguien que no es, lo que acusa la tendencia solipsista del protagonista, tendencia que podría venir subrayada por comentarios como el de su jefe diciéndole que 'hay una mujer en él' o el propio cartel de la película, que consiste en un conciso "her" centrado bajo el mentón de un primerísimo plano del protagonista.




 Ella es él. Ella no sería ni más ni menos que el deseo de él, proyectado el cuerpos físicos que no encajan con lo que busca (ni Catherine, ni tampoco le vale la amante prostética encontrada por SO Samantha), hay 'algo' que no le llena, algo que no alcanza, y que sólo se ve satisfecho al final en ese reencuentro panteísta con el amor universal en el que ella, más como concepto que como presencia material, retorna a él, para ser, tal como explicita en la carta, una parte inextricable de sí mismo, y alcanzar así una suerte de cierre satisfactorio a sus tribulaciones.


Illustration by Quickhoney




2.3.14

NADA ES VERDAD, TODO ESTA PERMITIDO.


Todo está permitido, nada es verdad.

 

Hassan I Sabbah, el líder de la secta conocida como los asesinos, en su fortaleza de Alamut, mandaba a sus ejecutores siempre silenciosos, a terminar vidas con corte de cuchillo.

 

Silencio al decir adiós.

 

Kurt Cobain apestaba a joven. Atractivo, rubio, inseguro pero talentoso. El grunge era una golosina estética: nuevo pero con raíces en lo anterior. Cool, poseía esa misteriosa fuerza, ese intangible perfume que envuelve los movimientos sociológicos que arraigan entre los más nuevos. La mezcla de agresividad torturada y extrema sensibilidad de Kurt entroncaba perfectamente con unos años noventa donde las teorías de género, la corrección política en búsqueda de cualquier señal que pretendiese fijar cualquier cuerpo a una casilla determinada. El feminismo pop, la elevación a los altares de la sensibilidad del nuevo hombre a las puertas del S.XXI tenía el rostro del cantante rubio. Sus fotos con vestidos de mujer era una somera declaración política que proclamaba que los hombres ya no tenían que ser viriles o testosterónicos, sino que la pesada carga de llevar los pantalones ya no existía. Habíamos sido exonerados. Ya podíamos lloriquear en una esquina mientras las mujeres- oh, las mujeres- nos acunaban y mimaban, premiando nuestra angustia.
 
 
 

 

William Burroughs, podría parecer el espectro de otra cosa. Siempre otra cosa. El agujero que tapa lo visible. La enredadera que se filtra en el engranaje. Podemos definirlo con varias frases. Veamos.

 

Beat
 

El lenguaje es un virus

 

Suprimir el control

 

La familia, lo heterosexual: es una abyección.

 

Droga. Viaje mental. Control

 

Control

 

Interzona: el lugar que no está en ningún lugar. El cruce de caminos donde la liberación del control es posible
 
 

 

Escritor, marica, yonqui. Cut up. Los restos de los ismos que como polvo de ángel se posaron en la vieja America y mutaron en otra cosa. Frente a la payasada DaDa Europea, el rigor protestante de los WASP aplicado a su propia destrucción. Un anciano sobrio y completamente drogado usando su delirio para cortocircuitar control. Pedía ser interpretado literalmente. Literalmente. Todos sus monstruos eran reales. Bajo la piel de la vieja America se levanta un enjambre de mutantes y él reseñaba la agonía. El Control. Control

 

Que dura es la sabiduría.

 

En la interzona donde el escritor alucinado, surreal a base de ocultar la propia palabra. De mirarla con recelo y deconstruirla hasta que su veneno, su tiranía, fuese revelada y anulada. Un científico.

El cantante de rock. Rota su existencia a base de sopesar sus neurosis, su dolor. Perdiendo pie en la maquinaria del estrellato. Confuso y quizás perplejo. Aterido representando un papel imposible. Un actor que no sonreía como muestra de rechazo de la obra. Un existencialista atrapado en la descarrilada vida de la DROGA. Envuelto en el control. Liberándose sin armas. Con música punk que era fagocitada por el sistema. En un juego ascendente donde cada movimiento hostil aumenta la fortaleza del oponente. Sin salida.

 

Disgresiones. Porque esto es literatura. Versión ensayo. Un ensayo es un intento. Leadbelly, los viejos maestros del Blues, Tánger, London y el punk, New York y los meandros de la heroína. “Podía estar un día entero mirándome la punta de los zapatos”. Hombre insecto reducido a su mínima expresión. Tirador y amante de las armas y de los gatos. Ocupándose esa posición periférica en toda cultura. El área que simplemente quiere destruir todo lo demás. La interzona.

 

El lenguaje es un virus. Si el filósofo cuestionó, desnudó la moral como artefacto. Si el estructuralista desveló los grandes sistemas de poder bajo los que se encapsulaba el dogma. El escritor trató de advertir de la palabra. “Pues el infierno son vuestras intenciones”.

 

 “Dile que lo estoy leyendo y que creo en cada palabra que dice”

Bob Dylan sobre Burroughs en una carta enviada a Allen Ginsberg en 1965.

 

“Solo se sabía que todo se había perdido.

Perdido hacía mucho, en un país más frío.

Perdido una y otra vez por sucesivas generaciones

Desde entonces”

Nelson Algren, Un paseo por el lado salvaje.

 

Un paseo salvaje. Una cartografía como otra cualquiera. Un mapa manchado de café en la guantera de un viejo y oxidado coche. Un mapa, sí, y como tal una ruta hacia otro lugar. Un mosaico que va del punto A al punto B. Una guía de ruta compuesta de magia e ilusión. De símbolo e intención. Pues los magos creen que la voluntad, el deseo, la estrategia, tienen efectos en el mundo real.
 
 
 

 

En la anécdota del encuentro entre dos hombres. En su estela. El rubio ángel que se inmoló por todos nosotros sin que nadie se lo hubiese pedido y el cura negro que traía con sus viejos huesos toda la historia oculta, desgarrada, psicótica, mágica, de las catacumbas de la resistencia al significado. En ese precioso punto donde estas dos figuras intersectan- “ A través de las galaxias heridas intersectamos”- se despliega un movimiento que el autor refleja. Los puntos de sutura de una historia cualquiera. Pues todas son iguales. O quizás no. Ya no queda lugar para los magos. Solo el habitar en habitaciones sórdidas pulsando quásares de tiempo. Dejando que la droga, la aritmética de la droga, deshaga todos los significados/virus.

Si el lenguaje es un virus, el suicidio es la cura. O el diagnóstico. O el signo. O el síntoma. “Este muchacho ya está muerto”, sentenció con cariño el cura negro sobre el rubio punk sensible, dejando constancia de los invisibles- pero no para él, nunca para él- hilos de la realidad.

 

Todo esto consigna Servando Rocha en los meandros y cruces de caminos de su libro. Otra piedra en el camino de una psicogeografía del SXX. O del S.XXI. O quizás de todos los Siglos y de ninguno.

 

De ustedes depende surcar o no ese mapa. O quizás no. No dependa de ustedes.

15.2.14

ALBUquerQUE, DiGo. ECO.


La ciudad parece comer cada día más terreno al campo. Me levanto cada día y lo primero que hago es mirar debajo de la cama. Mi soledad sigue, cada mañana, ahí. A veces está pelándose un plátano. Otras, una naranja. Otras sobreviene la duda y debo bloquear la puerta de entrada a mi piso con todas mis fuerzas. Entonces pongo música- cualquier música, no importa, mientras el sonido organizado en capas, texturas, ahogue el silencio impuesto por los demás- alta, muy alta, y limpio fervientemente la cocina, el baño, el salón. Las moquetas parecen procrear pues cada día aparece alguna nueva, llena de bordados  y extraños detalles enhebrados, formando camellos, soles anaranjados y pistolas de la Segunda Guerra Mundial.  Antes venía una mujer. Decía, presa de algún exótico delirio vete tú a saber dónde contraído, que me amaba. Durante un tiempo compartió su pecho conmigo, peleándose con la vida áspera que también quería parte de sus pezones, aureolas, la titánica labor de amamantar esperanzas a través de un ejército de bromas, sonrisas de media luna y escuadrones de palabras taquigrafiadas en la cama mientras me dejaba consumir sus dotes de emperatriz.

La amistad en forma de floreros me sirve para adornar las estancias y los rencores desatascan las cañerías. Puedo decir que soy feliz pero un ladrón noctámbulo, borracho y pendenciero, me robó todas mis frases, una por una, mientras dormía. Tan solo me dejó la palabra ALBUQUERQUE y, por eso, ahora debo pedir un litro de leche en el colmado del barrio a la vieja señora que comanda el mostrador de madera de cedro mientras calceta bufandas de gato y escucha la radio Armenia, por señas y usando diversas banderas a modo de recordatorio de que ambos estamos vivos y no es sueño lo que nos acontece.

Como no tengo frases para usar, la profundidad de mi silencio aturde a los demás, los espanta. Los rumores de mi profundidad silenciosa están empezando a diseminarse por el barrio y ya hay algunos vecinos que traman pergeñar escuadrones paramilitares en mi contra. Quizás algún día estos intentos bienintencionados (no me cabe la menor duda de la bondad inherente a la ristra de actos discretos que se aúnan para formar sucesos triviales) prosperen y razzias de vocabularios extranjeros, dispersos como polvo, poliédricos como la lengua de un gato, invadan mi hogar y me obliguen a usar palabras. Violen mi silencio con las vergas del sentido, la pragmática y la sintaxis. Sería terrible, desde luego, pero sé que los perdonaría a todos y cada uno de ellos. A fin de cuentas, matar lo diferente es deber primordial de la humanidad desde que el primero de nosotros observó alguna regularidad estúpida en la naturaleza y a eso llamó conocimiento. Yo, desde luego, hubiese dicho ALBUQUERQUE, arruinándolo todo.
Como siempre.

13.2.14

¿ Qué quieres que haga con mis ojos?




Ella está herida. Alberga mundos desorbitados que giran sin control mientras los fuegos estallan y supernovas fugaces se deshacen lentamente.

La pistola encima de la mesita, al lado del paquete de cigarrillos; es un recordatorio de peligro permanente. No todo es lo que parece con ella. Eso está claro. Cierro los ojos olfateando su boca, su pelo, su cuerpo perfumado y sutil en su voluptuosidad incandescente. El sexo siempre me recuerda a lo que no debe ser dado, a la moratoria de la muerte. A que estamos tan solos que debemos acurrucarnos en otro pecho para oír latir un corazón que no sea el nuestro.

Vivo con miedo. Con miedo y atravesando viejos teatros. Aún me asombra que la gente me ame. Desde que cumplí los 30 ya solo puedo pensar en la gente. No en individuos particulares, sino en la gente como tal. Indeterminada. Me da miedo. Dice ella. Fuma. Me abraza. La pistola sigue ahí, esperando. Sólida y negra. Mortal.

 

Tengo miedo porque sé que un día haré una tonteria. No puedo evitarlo. Igual que un cáncer no puede evitar agredir a su huesped por mucho que lo intente. Está en su naturaleza. Dice.

 

Ahora la abrazo yo. Fuerte. Nuestros cuerpos coagulándose.

Me siento tan magullada. Dice.

Quiero salvarla. Quiero salvarla. Contenerla toda entera y evitar que la realidad la profane. La dañe. Tan solo quiero abarcar todo su dolor y apretarlo en mí. Sustraerlo de sí y aunar una nueva geometría que ya no posea aristas que la atraviesen entera.

 

Noto algo sólido en mi espalda. Luego un fuerte sonido. Todo se diluye.

Tan solo quiero salvarla. Permitir que sus movimientos sean libres y fluidos. Que la torpeza de los demás no la dañe más.

Lo siento. Dice

No pasa nada. Digo.

El semen se escurre por su vagina. La vida se escurre por mi espalda.

 

Recuerdo de pequeña como mi padre afilaba todas sus tijeras. Una a una. Todos los domingos. Mi madre lo miraba. Siempre lucía el sol, por entonces. Todas aquellas tijeras. Reluciendo al sol.