Pues yo pienso de que sí. ¿No?
Bien harían
algunos plastas críticos (pre)modernos en adquirir unas gafas con mayor resolución
semiótica y amplitud de campo a la hora de disertar sobre ciertos excesos
actuales. Si bien podemos admitir- noblesse oblige- que los actuales creadores
en los diversos campos artísticos resultan un tanto inquietantes y/o
extravagantes, no debemos olvidar que la figura de lo que llamaremos el diletante
tiene larga historia y frondoso pasado. Si las estrellas de rock, cine,
artistas conceptuales de vanguardia, filósofos Lacanianos de ignotos países del
Este impronunciables, recurren en la presentación de su obra a una estilización
esquizoide en forma de looks imposibles, gafas extrañas, jerséis autísticos y
otras prendas más o menos gratuitas. Si cualquier autor hoy en día se ve más o
menos obligado a somatizar su propia obra en su figura, realizando todo tipo de
comportamientos raros, extraños, inquietantes e inhabituales, no deja de ser un
tanto corto de miras achacar tales técnicas ni, por un lado, a la erotización
fetichista del espectáculo Debordiana, ni, por otro, a una percepción genial de
estos señores y señoras. Es decir, ni se trata de una invención conspiranoica
de un poder empeñado en proveer de pan y circo multimedia a un supuesto público
aborregado con supuestas extravagancias que lo distraigan del insufrible día a
día, ni tenemos que entender necesariamente que tratamos de seres excéntricos
que simplemente siguen sus más desaforadas pulsiones en un medio que no solo
respeta sino que alienta esta extravaganza. Eso sería caer en un reduccionismo
y no hay cosa que más nos moleste y chinche que andar por ahí reduciendo cosas,
siendo como somos más bien del exageramiento histérico y el agrandamiento
pueril. No. Tratando de entender a un Marilyn Manson o una Lady Gaga debemos
rastrear la historia, río de momentos que siempre premian a los que vadean su
cauce con abundante pesca en forma de comparaciones (odiosas), antecedentes (dudosos)
e interconexiones (espurias).
¿Acaso
debemos pensar que la figura del diletante, del creador más o menos genial,
brillante, ahíto de purpurina, presto a adoptar epatantes poses, gracias a una
combinación de talento natural para el escándalo y un sutil gusto para
localizar las llagas abiertas de la sociedad que parasita y dar justo en el
punto G del tabú, es un invento del postmodernismo resabiado y cínico?
Si esto
fuera así, deberíamos borrar ciertas figuras de la historia que, a nuestro
humilde modo de ver, constituyen no solo el precedente necesario, la causación
última, sino también la encarnación perfecta del prototipo…..y ya se sabe que
el prototipo nos la pone golosa a unos demagogos como nosotros.
Señalamos y
establecemos- mirar el dedo que señala es un hobbie muy sano- que un diletante
es algo más que un creador. No importa a qué campo del pensamiento y/o la
creación se dedique. Es más, en realidad, cualquier campo es bueno, válido. Un
fontanero o un veteriano podría ser un diletante, aunque este tipo de sujetos
no suelen dedicarse a estos menesteres. Quizás haya algún tipo de relación
inversa- y no hablamos, no nosotros, nunca nosotros, que va a ser esto, de
causalidades, lo nuestro es lo correlacional, el no mojarse, el lavar y guardar
la ropa, la mediocridad estéril de la estadística. Un diletante, venimos
diciendo, es un sujeto que es su propia obra. A través de una extensión
conceptual, no figurativa, simbólica, “´más allá que acá”, articula todo un
mensaje en su propio personaje. Pero todo se ve más claro con un buen ejemplo
pedagógico o, ¿por qué no?, unos cuantos. Hagamos, hagamos, una pequeña
taxonomía, un pálido muestrario a vista de pájaro, tacaño y escualo reflejo de
la exuberancia que la propia realidad exhibe. Pero, ya es sabido, el mapa no es
el territorio y nosotros tan solo pretendemos pergeñar un modesto mapa con la
intención loable de que ustedes se echen al camino de lo REAL incierto y
descubran por ustedes mismos. Que ya sabemos que lo suyo, de ustedes, es un
empirismo total, un no creerse nada que no haya sido filtrado por sus sentidos
y macerado en la tinaja de sus percepciones y sus cosas.
Pues juraría que lo había leído en algún sitio. Espera que te lo busco
EL PENSADOR
CABREADO
Frederich
Nietzsche representa a la perfección esta categoría que tantos éxitos y
momentazos ha traído al mundo mundial. No hay más que ver- nada de leer que eso
hace perder el tiempo y calienta la cabecita cosa mala- su foto más famosa y
total. De perfil, como un general romano, mirando ceñudamente con unas cejas
espesas como césped de campo de fútbol algún punto indeterminado del horizonte-
¿estaría viendo el eterno devenir?. El bigote, también espeso, poblado,
notable, denota una fuerza de carácter- diremos voluntad? Nos atreveremos? Igual
hoy no nos dan de cenar- que dice a las bien claritas: aquí estoy. Qué pasa? A
medio camino entre un cantante de hard core malencarado y un prusiano
chusquero, este hombre nos dice cosas con su mirada. Muchas cosas. A buen
entendedor….
De esta
figura seminal del filósofo de mala uva tenemos diversos continuadores y
descendientes tales como Paco umbral. Pero lo cierto es que sin que sirva de
precedente el filósofo alemán influenció más con su propia filosofía del martillazo
que con su monumental- nos atrevemos a decir Wagneriana?- puesta en escena. Es
que es lo que tiene el bigote a lo morsa: que cuando queda bien, queda muy
total, pero claro….no a mucha gente. En estos tiempos tan soft se entiende que aquel look bávaro, a medio
camino entre la hostilidad macarra y la intensidad homérica, no haya tenido claros
continuadores. Sea como fuere, un clásico instantáneo del dilentantismo en su
versión más dark.
Y ahora os hago el avión, chuchuchuchuchuchu
EL DANDI
SUBLIME
Oscar Wilde.
Ay, Oscar. Aquí observamos ( encantados, debemos reconocer) la confluencia
buena buena de dos escuelas que a día de hoy están dando lo mejor de sí pero,
de bien nacidos es ser agradecidos, tuvo su figura seminal en el genial
mariquita inglés. Por un lado la sensibilidad homoerótica, con todo lo que
conlleva, y por otro la tontería dandi. Que dirán ustedes que es lo mismo, que
tanto monta monta tanto y que tal y Pascual. Pero no. No nos confundamos. Que
las ramas nos dejen ver el bosque. Por un lado dentro del dilentantismo del
maestro tenemos dos escuelas bien diferenciadas que felizmente se unen:
1) El ya clásico-y a punto de perecer
por excesiva aclimatación a los tiempos que corren, epatar por condición
sexual. Pero claro, hoy en día parece tan fácil como asistir al día del orgullo
gay rebozado en purpurina haciendo bailes exóticos rodeado de dos culturistas
transexuales para que su familia lo vea en el telediario a la hora de comer y
se sienta orgullosa, pero en aquellos tiempos la cosa estaba más complicada.
HablAmos ya de cierto compromiso, cierta capacidad de sacrificio. Si bien
aportaba una condición única como ente “perverso” y como a la última, un esputo
cerdo a los bienpensantes y bla bla, uno podía terminar sus días en la trena
jugando al corre que te pillo o, incluso, ahorcado en la plaza del pueblo para
escarnio y aviso. Poca broma
2) Y, en fin, la tontería. Aquí tenemos
un ilustre origen, punto cero fundacional, de la asociación ya indeleble entre
el artista creador y lo sublime. ¿ y eso qué es, se preguntan ustedes que de
puro sublimes que son ya ni saben qué es, como si a un pez le preguntaran qué
es el agua, que estas cosas pasan? Se trata de una actitud, jamás aptitud, no
anden a joder, un estado mental difuso donde el diletante se siente “así como
especial”, diferente, único en su unicidad, irrepetible y chachi que sí. Un
amor asexual, narciso, ombliguista si quieren pero válido, de uno mismo. Una
obligación casi con el propio genio. Una sensibilidad desusada. Un gustito en
el estómago cuando se contemplan en el espejo, espejito. La tontería no solo es
inocua, sino que sabemos de buena tinta que ha salvado más de una vida, de una
psique, de las garras de la mediocridad o, incluso, del suicidio. Porque ya
saben: la percepción, en Diletant World, lo es todo.Continuadores de este
línea, DE mucho mayor éxito y predicación que el pensador cabreado, quizás por
su mayor amabilidad conceptual y hedonismo inocente, tenemos sujetos tales como
David Bowie, cualquiera que cante Glam o Prince. Y ese culito que
no passe hambre, xoxo…
Para la
semana continuaremos nuestro fascinante incursión por el diletantismo con guías
espirituales tales como el Marqués de Sade o Thimoty Leary.
Y recuerden,
recuerden: no importa qué hagan, bien o
mal, escribir, pintar, hacer el moñas con un sintetizador, o bailar danza
tribal…eso son minucias vacuas. Lo importante es su presentación, su toque
personal, encarnar la cosa en sí….y si dentro de sus habilidades no figura
ningún don, talento, no se preocupen, eso nunca,siempre les quedará dar la nota, confundir, marear
la perdiz, opinar, hacerse notar a base de codazos, husmear el espíritu de los
tiempos. Y a triunfar!
Esto vas a tener que reformularmelo














