21.3.14

Yo No Vivo en los Projects, guSano AnTROPOMETRICO ( PaRte 43)










 Capitulo 1

 

El suelo parecía pegado al pie o el pie parecía pegado al suelo. Chicles, cristales rotos y sin romper en forma de botellas. Cilindros que en algún tiempo  lejano habían servido a algún misterioso propósito pero su uso no era discernible ya, al menos para mí. Porque sí, estaba colocado. Alcohol, anfetamina y cocaína. Sé que diréis antes de nada. Aburrido. Clásico. Pero por el amor de Dios, ¿aún con esos horribles clichés? En mi generación, criada con la abundancia de la caída del Franquismo y la entrada de la democracia,versión clase media, las drogas, la droga, las pirulas, las lonchas, los canutos y el onmipresente alcohol no eran más que diversión. Se mirase como se mirase, por el haz o el enves, arriba o abajo, dentro o fuera, las drogas, queridos señores míos, eran d-i-v-e-r-t-i-d-a-s. Toleradas, alentadas, parte indisoluble de la noche, el contacto con el sexo opuesto, el concierto de música atronadora, la rave al aire libre, el garito andrajoso o la más negra e impúdica discoteca tapizada con cuero o vinilo negro ladeada como una balanza  en dirección hacia el baño donde siempre había un reguero de seres jóvenes y despreocupados. Ni siquiera ávidos de drogarse, ni siquiera ávidos de vivir. Así de indiferente parecía ser todo. Tener problemas con las drogas parecía una falta de carácter. Peor. Tomarse en serio algo como el aire, el sexo, las sillas de la cocina, los lazos familiares, el suave percutir de cada día con su oleada de calma o el florero donde mamá asentaba sus rododendros. Cosas que simplemente existían. Estaban ahí. Como cualquier otro objeto a usar. Como un ventilador o una lavadora. Cosas y enseres que ya estaban antes de que viniésemos al mundo y no nos preguntábamos si estarían cuando nos fuéramos porque habíamos visto demasiadas películas de ciencia ficción y ya sabíamos que todo cambia. O no. A quien le importaba. A mí desde luego no. Al menos por el momento. Mi máxima prioridad actual eran los chicles  del suelo. Las zonas limítrofes donde no había chicles empezaban a resultar un vago problema también dado mi estado y mis pies empezaban a no entenderse, a incomunicarse con el pavimiento, en oleadas sentidas de oraciones farfulladas y no entendidas entre ambos, mis pies y el suelo. El sendero de no chicles, como un destello de neón, o las migas de Hansel y Gretel, o la alfombra roja en los Oscar que pisan las celebridades en frac y vestido de noche deslumbrados por flashes resplandecientes y los mirones miran tratando de engullir con  los ojos lo que ellos consideran otro mundo mejor y más hermoso, me condujo a una puerta. Dos porteros creaban un campo magnético de rechazo y peligro anoréxico pero la hostilidad era engullida por mi rostro como si fuese un pararrayos o un agujero negro. Mi cara, hacía tiempo que me había dado cuenta de ello, poseía la extraña habilidad de absorber todo tipo de energía negativa y devolver a cambio estupidez y pasmo atribulado en vez de miedo o cólera. Pagué con algún billete arrugado que encontré en alguna ladera ignota del mapa en relieve que era mi abrigo, puro embozo donde esconder capas geodésicas de vergüenza y duda que formaban mi cuerpo. La oscuridad me tragó a través de un pasillo o yo la tragué a ella pues cuando salí del corredor una estancia a media luz, con grupúsculos de sombras borrosas que cuchicheaban sentadas en pequeños sofás, me pareció un hábitat tolerable y hasta acogedor. Y era la primera vez en toda aquella maldita noche que podía usar esa palabra. Acogedor. Y entonces el mundo y todo lo que

C      o     n    t     e    n    í       a

EXPLOTO.

 

Y LOS LAGARTOS ASCENDIERON DEL SUBSUELO Y PERECIERON EN AGONÍA ROSA.

 

 

Y EL amor por fin floreció en medio de la nada y la muerte y las ortigas tomando el sol sin protección solar

 

 

 

SI, ESTAS MUERTO. TODO ESTO ES EL SUEÑO DE UN DIOS MENOR BORRACHO.

 

 

 

THE END.
 
 
pd: y sí, fingí los orgasmos. Todos. La tienes muy pequeña.

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